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Salutació de Jacques Delors al FEAE |
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Pàgina 3 de 4 Dar vida a las comunidades propias
Al abordar este tema no quiero alejarme de los principios a los que acabo de
referirme: a la importancia de las raíces y de los referentes propios frente a
la tensión entre lo global y lo local que crea individuos solitarios entre la
masa de la humanidad.
Debemos construir comunidades en las que cada persona pueda realizarse y
sentirse a gusto. Construir y a veces reconstruir esos entes colectivos.
Hay muchas líneas de investigación al respecto que hacen imposible su
análisis, sobre todo porque no hay un camino único para lograr el éxito:
puede ser que se pretenda reconstruir células familiares o que el objetivo sea
el lograr que los asuntos colectivos puedan dirimirse en un ámbito más
próximo a las personas logrando así un sentimiento claro de pertenencia a la
nación o incluso la construcción de nuevas entidades supranacionales.
La base filosófica es la misma: El hombre no podrá ser completamente humano si
rechaza la inserción en la sociedad o si es rechazado por los demás. Son
necesarias para ello no sólo políticas de educación sino de familia y de
organización de colectividades.
Es, sin lugar a dudas, el único modo de combatir el exceso de individualismo y
las nuevas formas de exclusión social.
No quiero dejar pasar esta oportunidad sin referirme a las lecciones que podemos
sacar de los 50 años de construcción europea. Lo que empezó siendo sólo un
deseo de no consentir nunca más una guerra entre nosotros, cosa que hemos
cumplido todos los países miembros, con el inestimable aliento de numerosos
militantes y visionarios, con la multiplicación de intercambios, y con las
solidaridades reales, ha conducido a una mejor comprensión entre los pueblos
que han participado. Ahí está el nacimiento de la idea de pertenencia a una
colectividad que va más allá de la nación: un aprendizaje de unidad dentro de
la diversidad, un internacionalismo abierto y real.
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