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Salutació de Jacques Delors al FEAE Imprimir e-mail
Superar el marco de la modernidad
Sin insistir en el debate filosófico, se puede decir simplificando mucho que la modernidad significa la ruptura con el pasado y más concretamente con fases históricas en las que se afirmaba una concepción transcendental de la existencia.
Esta definición es mal entendida en occidente. Lo explicaré más tarde. Pero lo que es más importante: es una cuestión que genera debate fraterno con las culturas del oriente porque precisamente es allí donde se ha desarrollado una corriente intelectual que defiende que la llegada de la sociedad moderna no es incompatible con la conservación de los valores y las prácticas inherentes a antiguas tradiciones y a una cierta concepción del lugar que ocupa el hombre en el universo.
Ruptura y continuidad. Parece más lógico que la síntesis entre estos dos términos, a priori opuestos, venga de la China o de la India que de los Estados Unidos y Europa, ambos inmersos en el hedonismo y el materialismo. Por esta razón, creo que hay que multiplicar los puentes entre Occidente y Oriente.
Llamo su atención sobre el peligro de confundir los dos debates; uno trata de la aceptación de los dos parámetros de la modernidad que son la ciencia y la democracia y el otro sobre las finalidades últimas y los valores supremos.
La obsesión anti-modernidad no facilita en absoluto la búsqueda de soluciones a los problemas. Es inútil protestar contra un universo dominado por el narcisismo, la tecnología, la estandarización y la sociedad de masas. Se trata de recuperar su control en el nombre de los valores que trascienden el progreso técnico y material.
¿Cómo podemos lograr que el hombre moderno, víctima de sus propias obras y a menudo alienado por ellas, pueda de nuevo amaestrarlas y dotarlas de sentido, del sentido del bien, o del sentido de lo bello?.
Quiero volver ahora a la memoria, a la historia de la Humanidad, a sus momentos de optimismo, de decadencia, a los periodos trágicos en los que el mal parecía invencible. Tenemos que asumir que somos los herederos y los continuadores de esta historia y que tenemos que responsabilizarnos de dar a conocer lo que la humanidad ha aprendido de sí misma y de las consecuencias que se siguen para su devenir futuro.
La modernidad no consiste en romper con el pasado, ni repetirlo disfrazado de progreso científico y material. La reconquista de nuestra historia puede convertirse en el camino que nos conduzca a un progreso humano cargado de sentido a pesar de su fragilidad.
Este es mi mensaje de ánimo para las Jornadas del Forum Europeo de la Educación. Les ruego que lo interpreten como una incitación a perseverar en la negativa, tan clara como la he percibido en su programa, a toda clase de segregación o de exclusión en la educación; de apoyo a la riqueza de la pluralidad y la diversidad de vuestras comunidades, y de búsqueda de nuevas fórmulas de adaptación al ritmo de las transformaciones técnicas del nuevo siglo sin sucumbir a nuevas alienaciones.
Y, sobre todo, quiero hacer un acto de fe en la dignidad del hombre y en el carácter irreductible de cada persona humana.

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